25.3.09

Toma ya...

En 2002 comenzaron a darle vueltas a una idea: hacer una peli de animación. Jorge Blanco, de 35 años, era una de las almas de Commandos. Junto a sus compañeros Javier Abad y Marcos Martínez, pensó en pedir unas vacaciones cuando acabaron Commandos 2 para realizar un corto. "Empecé creando gráficos en 3D y nunca pensé en dirigir cine. Pero con Toy story me picó el gusanillo, fuimos a hablar con Ignacio de nuestros días libres, y su respuesta fue: 'Hagámoslo, pero hagámoslo bien". Fundaron Ilion Studios y, siete años después, Planet 51 está casi a punto. "Estuvimos ocho meses encerrados en el despacho de Ignacio, rehuyendo hacer el típico filme de animalitos. Al final, nos gustó esta mezcla de E. T. y Regreso al futuro. Probamos a guionistas españoles y no encontramos a nadie preparado". De ahí que esté Joe Stillman.

De este artículo.

No sé. Mira que conozco a guionistas... y que yo sepa no llamaron a ninguno... en fin...

A ver si algún día me animo y cuento la triste experiencia de un par de productores españoles que decidieron contratar a guionistas norteamericanos para sus proyectos, descubriendo a las malas (y después de gastarse mucha pasta para nada) que haber pasado por el plató de, por poner un Ej. al azar, "La jungla de cristal", no es lo mismo que haber trabajado realmente en ella.

Aunque puede que Joe Stillman sea un guionista cojonudo, quién sabe. Pero de ahí a decir que aquí nadie está a la altura... hombre... que tampoco "Commandos" es "Half Life", ¿eh?

Al final acabaremos haciendo como los escritores de novelas aquellas de a duro de los años 60, poniéndonos seudónimos norteamericanos para impresionar y ganar credibilidad (había muchos muy graciosos, por Ej., Agustín de la Torre pasó a llamarse Austin Tower).

Y... ¿a esta gente nadie le ha dicho que al menos contado en tres frases su proyecto se parece mucho, mucho a Goomer?

9 comentarios:

Carlos López dijo...

Fíjate que a mí me pasa lo contrario: tengo un guión estupendo, pero por más que busco no encuentro productores españoles preparados... Voy a tener que llamar a Joe Stillman, a ver si me la produce. Saludos

Daniel Rivas Pacheco dijo...

Yo también me sorprendí al leer esa afirmación. Hay que estar un poco ciego para no ver algunos trabajos, no sólo en animación, tan meritorios que se hacen en nuestro país.

Un saludo

Uno que pasaba... dijo...

Y los productores americanos como locos buscando guionistas y directores españoles para sus películas.

Aquí vamos al revés, como siempre.

Pues a mi directamente me dijeron trabajadores de Illion que el guiri este solo vino para joder un guión interesante y convertirlo en una consecución de tópicos y chistes "made in hollywood".

Pero que las distribuidoras yankis no compran sin "nombre". Y claro, mejor una mierda comprada que una joya inédita. Al menos para los productores. Eso sí, pan para hoy, hambre para mañana.

Mariano Baselga dijo...

Pues mira tú por dónde, yo fui el último de los guionistas españoles que "probaron" para la que por aquel entonces se llamaba “Planet One”. La productora se llamaba Renderboy.

Por entonces yo trabajaba en Globo, alguien nos puso en contacto, los directores (ni uno, ni dos: tres de ellos) me hicieron una entrevista y como "prueba" me dieron a leer el guión que tenían por aquel entonces.

El guión, escrito en inglés por un famoso novelista español y pagado más que generosamente, era un absoluto desastre. Yo les conté lo que me parecía, sin paños calientes, y acto seguido me ofrecieron un contrato bastante generoso, que acepté encantado, pues tanto la idea primigenia como la calidad de la animación (tenían ya un trailer) me parecieron fabulosas.

Entonces entró en escena el productor ejecutivo y dueño del tinglado, uno de los personajes más siniestros con los que me he topado en mi carrera profesional. Para abreviar: nos sometía a los directores y a mí a interminables reuniones que nunca empezaban antes de las ocho de la tarde ni acababan antes de las dos de la mañana (lo que le duraba el puro de 300 euros) en las que, básicamente, nos ilustraba sobre su visión del mundo, que los tres directores que tenía contratados parecían encontrar fascinante.

Las pocas veces que la conversación parecía centrarse en el guión, yo aprovechaba para intentar explicar por encima conceptos como conflicto, acción o estructura dramática, sin los cuales era imposible hacerles entender por qué el guión que tenían entre manos no funcionaba.

Recuerdo una gran discusión en la que, ante mi insistencia en ponernos de acuerdo sobre quién debía ser el protagonista de la historia, el productor ejecutivo declaró sin inmutarse, “eso ya lo decidiremos cuando tengamos la historia”.

En fin, las reuniones seguían, pero era el mundo al revés: él, jaleado por su coro de admiradores, ejercía de aprendiz de guionista, empeñado en discutir las ideas que se le ocurrían en el váter, mientras a mí me tocaba ejercer de productor ejecutivo, recordándole cosas tan obvias como que necesitábamos personajes sólidos y bien definidos, y entre ellos un protagonista con un conflicto claro, y que no estaría mal que la historia tuviera un principio, un medio y un final, y a ser posible, que éste último fuera feliz: el referente eran las pelis de Pixar.

La idea original era sencilla y potente: en un planeta de extraterrestres, muy parecido al nuestro, un freak dueño de una tienda de cómics estaba obsesionado por la existencia de vida en otros planetas. El detonante era la llegada de un astronauta de la NASA. Yo propuse literalmente, para centrarnos, “hacer un ET a la inversa”, idea que el productor ejecutivo consideró una gilipollez, pues según él, ET no funcionaría a día de hoy.

En fin, tras mes y medio agotador, asumí que no querían un guionista, sino un amanuense que pusiera en formato de guión las ideas inconexas del ególatra dueño de la empresa, para quien la película era su pequeño juguete. Yo les dije que no era su hombre, y ante mi plante me dieron una oportunidad: que hiciera “mi propuesta”, ya que era tan listo. Pedí dos meses para hacer un tratamiento y me dieron diez días, aunque me dejaron contratar a un colega, eso sí.

En esos diez días mi coguionista y yo escribimos una sinopsis de unas doce páginas con la que, por supuesto, no quedamos del todo satisfechos. El día que nos reunimos para comentarla, el productor ejecutivo declaró no habérsela leído y empezó a desbarrar sobre un nuevo enfoque que se le había ocurrido conduciendo su Ferrari por la M-40.

Ahí acabó nuestra relación.

Meses después coincidí con los directores en una fiesta. Por entonces habían encontrado un socio americano que exigía un guionista de primera línea: el elegido era Stillman el de Shrek. Le daban seis meses para una primera versión de guión. No quisieron decirme cuánto le iban a pagar, sólo me dijeron que si me hubieran pagado a mí lo mismo, ni yo, ni mis hijos, ni mis nietos tendríamos que habernos vuelto a preocupar por el dinero. (Creo que la cosa estaba entre dos y tres millones más escalado por taquilla.)

“Y eso no es lo peor”, me dijo uno de los directores. “¿Sabes lo que nos ha dicho Stillman que hay que hacer?” Yo negué con la cabeza y apuré mi copa (luego vendrían unas cuantas más). “ET a la inversa.”

Os lo juro.

(Perdón por la extensión. Creo que la ocasión lo merecía.)

David Muñoz dijo...

Pues Mariano, lo que has contado es exactamente la historia que me ha llegado estos días por otros lados (y de boca de gente que no son guionistas). No quería escribir una entrada a base de rumorología, pero me parece estupendo que tú te hayas animado a contar lo que pasó. Desgraciadamente, todavía hay bastantes productores así, que culpan al guionista de no saber escribir algo que ni ellos mismos tienen claro. La verdad es que yo en mi escasos contactos con la animación he tenido suerte. Participé en las reescrituras de una película de la productora Dygra que se estrenará el año que viene, y a los guionistas nos trataron muy bien. Me pareció gente maja, muy trabajadora y sobre todo con las cosas muy claras.

Carlos López dijo...

De perdón nada, Mariano, gracias por tu extensa historia. Hay que ver el concepto que tienen algunos de lo que es el trabajo de un guionista. Aunque en tu estupendo relato reconozco que me he quedado encasquillado en lo de "de dos a tres millones más escalado de taquilla". Ahora, cuando se estrene, ya sabéis el último capítulo de la historia: si tiene éxito será gracias al productor del puro y el Ferrari; si fracasa, por culpa del guionista. Faltaría más.

kano dijo...

En España siempre es así, no hay otra historia... sean películas, series, o publicidad, todos acabamos contando la misma vivencia, solo cambian los nombres. Qué lástima de país.

Javi Montes dijo...

Curiosidades de la vida.

Igual tiro piedras contra mi propio tejado porque el resultado no fué muy allá, pero, ¿Sabías que la cabecera del flash de Goomer que enlazas la dibujé yo? (no la animé, sólo hice los dibujos)

Sabías también que en esos cortos colaboró también un compañero mío de estudio (Marcos) que tiempo después diseñó fondos durante un par de años para Planet 51 ?

Al final, hasta los ejemplos están relacionados ;)

Ah, y ninguno de los dos trabajamos en ET, a pesar de la insistencia de Spielberg. ;)

anónimo dijo...

Es curioso que tenga que venir alguien de fuera para hacer una historia cuya idea principal recuerda mogollón a algo que ya se está haciendo desde hace mucho tiempo en españa: Goomer.