22.7.09

Unos minutos de desahogo


1

Se me escapa la intención de esta campaña. Bueno, no es eso exactamente, no me he expresado bien. La intención la entiendo (creo), lo que no comprendo es cómo pretenden sus autores que el mensaje que quieren transmitir le llegue a alguien con estos grotescos carteles a medio camino entre la portada de un CD de Death Metal y el póster de una película inspirada en un libro de Clive Barker. Ni siquiera tengo claro que se entienda la imagen. En los escasos segundos que normalmente dedicamos a mirar los carteles de las marquesinas de los autobuses, me parece que no es fácil darse cuenta de que se trata de un retrato de un chico o una chica con síndrome de Down superpuesto sobre una fotografía de una figura histórica; ni tampoco creo que mucha gente sepa identificar a la figura en cuestión, acerca de la que el cartel no da ninguna pista (en la foto de arriba, el hombre calvo semidesnudo de grandes orejas es Gandhi).
Y no, no es la primera campaña en la que se usa una estrategia similar. Y seguro que no será la última. De nuevo se pretende convencer del potencial de un segmento de la población al que normalmente se subestima (en este caso los aquejados de síndrome de Down), comparándolos con individuos cuyos logros están muchísimo más allá de lo que puede conseguir el 99% de la gente, tengan o no algún problema. El lema del cártel que ilustra esta entrada es “compromiso como el que más” (como Gandhi, se entiende). Es el “si quieres puedes” de siempre. Sólo que en este caso creo que es lícito preguntarse si quizá la campaña no produce precisamente el efecto contrario al deseado. O sea, que aún resulte más evidente que ninguno de los retratados va a poder ser nunca como aquel con quién se le está comparando. Y cabe preguntarse también si no había otra manera de hacer entender de forma convincente algo tan sencillo como que tener síndrome de Down no quiere decir que no puedas llevar una vida relativamente normal (lo que no quiere decir poder hacerlo todo ni mucho menos ser el mejor de nada).
Claro que… si puedes usar una foto de un “famoso” en tu cartel (que lleve muerto treinta años o que aparezca a menudo en “Sé lo que hicisteis” me parece que en estos casos es irrelevante)… ¿por qué no hacerlo aunque tergiverse el sentido de la campaña?

2

Parece que el único premio de prestigio válido es el que garantiza titulares –de ahí que los galardonados sean mayormente profesionales que ya no necesitan ningún reconocimiento más- , y que un casting no puede completarse sin “un nombre” que haga que la prensa se interese por el proyecto, independientemente de que ese actor o esa actriz estén aún por demostrar que valen en taquilla el sueldo que cobran.

3

Últimamente estoy encontrándome como profesor con algo que me preocupa bastante: hay muchos aspirantes a guionistas de entre 22 y 28 años (más o menos) que como “aún” no han vendido su primer guión de largo o no han conseguido incorporarse al equipo de una serie, se sienten tan frustrados y deprimidos que se están planteando dejar de escribir. Desde su punto de vista, son unos fracasados, y se comportan como tales. Y obviamente, no lo son. Pero sobre todos ellos planea la sombra del mítico guionista/director que triunfó antes de los 30 (puede ser Amenábar, Tarantino o Nacho Vigalondo, qué más da, cambian los nombres y algunos detalles pero básicamente la historia es la misma, como les pasa a Horus y a Jesucristo) con el que, consciente o inconscientemente, todos se comparan. Cuando la realidad es que en esto lo más importante es perseverar y no rendirse hasta que realmente esté claro que jamás lo vas a conseguir (y eso, salvo que medie un desastre, es algo que en mi opinión raramente puede ocurrir antes de los 30 o los 35 años, o a lo mejor hasta un poco más tarde; el recientemente fallecido Frank McCourt publicó su primera novela a los 66 años). Vale que conviene ser prudente, y no es aconsejable jugárselo todo a una carta (”¡Si no vendo mi guión me voy a vivir debajo de un puente!”). Es aconsejable tener una profesión "de verdad" que te permita pagar las facturas, pero eso no significa que si no te han nominado al Oscar a los 26 tengas que dejar de escribir o de intentar dirigir. Además, el “triunfo” es casi siempre pasajero. Lo mismo ruedas tu película y resulta que son dos: la primera y la última. O entras en una serie y la cierran antes de que termine de emitirse la primera temporada. Desgraciadamente, en esta profesión no existe un momento a partir del cuál todo empieza a resultar fácil. Los guionistas y los directores vivimos en una oposición continua que siempre podemos suspender por muy preparados que creamos ir al examen.

4

Bueno, dejo de quejarme ya, que parezco Javier Marías en su colaboración de El País Semanal (dentro de poco empezaré a hablar de lo molestas que me resultan las procesiones que pasan cerca de mi casa en Semana Santa…). Esto es lo que pasa por tener un poco más de tiempo libre. Afortunadamente, mañana empiezo a escribir otro guión. ¡De la que os habéis librado!

5

Actualización: Pues a lo mejor resulta que sí que no había entendido la campaña. Hoy he visto el cartel de Einstein y el lema dice “Naturalidad como el que más”. No dice “Genialidad como la de Einstein”. Si esta vez lo he pillado, la intención es transmitir que si bien alguien con síndrome de Down nunca va a poder ser como Gandhi o como Einstein, si que comparten con ellos cualidades que les hacen igualmente válidos como personas. Sí que se establece una comparación, pero no la que yo asumí tras ver el cartel de Gandhi. ¿O a lo mejor tampoco es eso? ¿No se supone que una de las cualidades de la buena publicidad debería ser comunicar su mensaje de forma clara? ¿o es que yo estoy estos días especialmente espeso? En fin, dejo ya de darle vueltas.