22.8.09

Me estoy curando

Después de no sé cuántos años leyendo tebeos de superhéroes de los personajes clásicos de Marvel y DC, me estoy dando cuenta de que últimamente cada vez me interesan menos. Todavía hay tebeos de superhéroes que me gustan (Astro City, The Mighty, Powers, The Boys, Nova y alguna cosa más), así que supongo que el problema no es que me haya cansado de los superjusticieros con mallas. Ahora que lo pienso, casi todas las que he mencionado son series más que de superhéroes, CON superhéroes (que no es lo mismo) y ninguna está protagonizada por un personaje de toda la vida. El más antiguo es Nova, y su serie tiene más de ciencia ficción que de súper heroísmo clásico.
Creo que al menos en parte lo que me ocurre se debe a que, como el tebeo de superhéroes más comercial vive inmerso en un eterno remake, en el que el giro final de muchos números es la aparición de un personaje al que se daba por muerto desde hace años (lo que dice mucho de a qué público están dirigidos; para un lector más o menos novato la enésima resurrección de Kingpin no significará nada), ha llegado un momento en el que me siento como Bill Murray en Atrapado en el tiempo y, por mucho cariño que les tenga a los personajes debido a lo mucho que significaron para mí durante mi infancia y adolescencia, soy incapaz de interesarme por una nueva permutación de la historia de amor entre Mary Jane Watson y Peter Parker, la reaparición de la Antorcha Humana original o la verdadera identidad de un Batman novato. Y casi preferiría tragarme de nuevo los dos últimos capítulos de Battlestar Galactica a leer otra historia sobre el origen de Lobezno…

Curiosamente, este continuo regurgitar de conceptos solo se da de esa manera en el cómic norteamericano. Es verdad que en Francia también se han prolongado algunas series más allá de lo que debería haber sido su vida natural, pero la mayor parte de los personajes que funcionan son más o menos recientes. Y desde luego, ninguna acumula cientos de números a sus espaldas (¿os imagináis una serie de televisión que durara 25 años en la que sus personajes no envejecieran?, pues eso es Marvel o DC). En todo caso, a estas alturas veo imposible que la cosa cambie, no mientras Marvel y DC sigan siendo rehenes de treintañeros y cuarentones (como yo) que parece que solo quieren leer variaciones supuestamente adultas de las mismas historias que disfrutaron de niños. Resulta triste que la herencia de Jack Kirby y Stan Lee -que si por algo se caracterizaron fue por su inmensa capacidad para generar un nuevo concepto tras otro-, sea esa: cientos de editores y de autores que únicamente piensan en jugar con sus creaciones.

Luego, reconozco que escenas como esta también me quitan las ganas de seguir leyéndolos:



¿Desde cuándo lo normal es que todos los héroes se comporten como si fueran el Punisher*?

La ilustración anterior es una página del nº 1 de Ultimate Avengers, con guión de Mark Millar y dibujos de Carlos Pacheco (que, por cierto, se las ingenia para hacer que parezca interesante un guión de lo más tontorrón). Ahí tenéis al Capitán América, deshaciéndose de los esbirros del “malo” (que, ¡sorpresa! resulta ser otro antiguo villano reformateado en versión “ultimate”) arrojándoles desde un helicóptero en vuelo*.

Hubo un tiempo en que esta aproximación ultraviolenta y “high tech” al género me pareció una manera interesante y moderna de contar historias de superhéroes capaces de interesar a un público adulto, pero eso era cuando se trataba de una excepción (aquellos primeros The Authority de Warren Ellis, por Ej., que de todas maneras eran personajes nuevos) y no un canon del que casi nadie parece querer o poder desviarse sobre todo cuando se trata de relanzar a una serie o un personaje. Problemas morales aparte (¿a pesar de todo, la mayor parte de los cómics de Marvel y DC no están pensados para un público infantil/juvenil?), resulta aburridísimo.

A lo mejor es que me estoy haciendo viejo. Puede ser. También me molestó el momento de la versión cinematográfica de Watchmen en que la pareja de superhéroes retirados, Búho Nocturno y Silk Spectre, ejecutan y/o mutilan a los miembros de una banda en un callejón (algo que no ocurría en el cómic de Moore y Gibbons, donde creo recordar que se limitaban a vapulearlos; la versión de la película hace que resulten ridículas las escenas posteriores en las que el Búho parece horrorizarse ante la violencia que despliega su colega Rorschach). Pero quizá la ultraviolencia, el militarismo** y el cinismo sean realmente las señas de identidad del nuevo “mainstream” de los chavales y el que no se entera soy yo (el gran éxito de la horrible Transformers 2 así parece indicarlo, desde luego).

*En esta escena falta una viñeta mostrando los cuerpos de los sicarios reventados al chocar contra el suelo (además, probablemente alguno habría aplastado a un viandante desprevenido, menudo estratega está hecho el Capitán América). En cierto sentido, esta violencia cuyas consecuencias no se muestran, no está tan lejos de la de un episodio de El Equipo A, por muy adulta y realista que pretenda ser. Esa es una de las muestras del cinismo al que me refería.
Y por si acaso, aclaro que no tengo ningún problema con la representación de la violencia en la ficción (por Ej. Uno de los nuestros es una de mis películas preferidas, y disfruto con el gore del Sam Raimi o el Peter Jackson de sus primeras épocas). Bien utilizada es una herramienta dramática tan válida como cualquier otra. Pero sí que me molesta la manera en la que se usa en estos cómics, donde ser capaz de matar ha pasado a formar parte de la caracterización indispensable de personajes a los que se define como héroes y las consecuencias de la violencia casi nunca se muestran salvo cuando afectan a los protagonistas.

**Militarismo entendido como en esta definición de la Wikipedia: “El militarismo es una ideología según la cual la fuerza militar es la fuente de toda la seguridad. En su forma más leve se postula a menudo con argumentos muy variados, para justificar la preparación militar de una sociedad, todos los cuales tienden a asumir que la «paz a través de la fuerza» es la mejor o única forma de conseguir la paz. Su política se resume en el aforismo latino «Si vis pacem, para bellum» («Si quieres la paz, prepárate para la guerra»)”.