16.2.10

Escaletando

Hoy he publicado una nueva entrada en la página Bloguionistas. Y justo hace un rato he leído una entrevista con el novelista y guionista Neil Cross que tiene algo que ver con varias cosas de las que hablo en mi artículo.
A Cross le he descubierto recientemente gracias a su novela Natural History. Sin saber ni de qué iba, como me gustó la portada y me llamó la atención la sinopsis de la contra, la compré por tres euros en el saldo de una librería que vende libros ingleses (me parece que no está editada en España), y la he disfrutado mucho:

"(…) Como novelista, recelo ligeramente de las escaletas. Cuando era adolescente leí un libro acerca de cómo convertirse en escritor que advertía –sabiamente, creo- que era mejor no contarle a nadie tu argumento, ni incluso a ti mismo, antes de que realmente lo hayas escrito. Eso es porque escribir, igual que leer, una novela es un proceso narrativo. Una vez una historia se ha contado, se ha contado; y contarla disminuye la obligación de contarla otra vez. Así que respecto a las novelas, tiendo a guardarme la historia para mi y a trabajar a partir de notas lo menos rígidas posibles. Es muy raro que sepa a donde va a ir a continuación el libro, aunque normalmente sé donde va a terminar.
(…)
Para escribir guiones, una escaleta es algo esencial. (…) Muchos libros que explican “cómo hay que hacerlo” se esfuerzan duramente para conseguir que la escritura de escaletas y guiones parezca mucho más desalentadoramente científica de lo que es realmente, o de lo que realmente puede ser. Para justificar el precio de portada, ese tipo de libros analizan minuciosamente la estructura de guiones de películas y de capítulos de series de televisión que ya se han rodado, y pretenden que el aspirante a guionista base su trabajo en esos análisis. Pero es todo absurdo. Sin duda los primeros seres humanos capaces de vocalizar ya se dieron cuenta de ello: la estructura narrativa es algo natural en nuestra especie, y todos esos análisis eruditos que hablan de “detonantes” y de “giros de la mitad del segundo acto” deberían ser entendidos, si es que debemos hacerlo, desde la seguridad que nos da saber que ya conocemos todas esas cosas. Todos nosotros. Solo que usamos palabras más sencillas para referirnos a ellas. Decimos “el final se alargó demasiado”, o “tardó un rato en arrancar”, o “se atasca un poco en la mitad”.
Así que todo lo que hace una escaleta es decirle al lector lo que le va a pasar a quien, porqué, y cómo. Es una oportunidad para refinar una historia, para asegurarte de que todo tiene sentido, y de que pasan las suficientes cosas –que hay bastante drama, y también suficiente interacción entre los personajes, y que el principio, la mitad y el final están calibrados apropiadamente. Esto puede llevar varios intentos (…). 
Así que [cuando escribo guiones] escaleto… y escaleto… y escaleto… y escaleto… hasta que todos estamos de acuerdo en que tenemos una buena historia. Este proceso a menudo implica descartar muchas escenas que te gustan. Entonces comienzo a escribir un guión, y es entonces cuando cobra vida en mis manos, como quieren hacerlo todas las historias, y lucha para adquirir su forma específica.

Una novela puede tener de entre 60.000 palabras a, no sé, más de medio millón. ¿Qué longitud tiene Guerra y Paz? (acabo de comprobarlo: tiene 560.000 palabras). Así que una novela tiene la libertad de encontrar su propia estructura, su propio comienzo, mitad y final.

Un drama de BBC TV dura una hora. Una hora de televisión comercial es más corta, porque tiene que incluir los anuncios. Una película de cine dura dos horas más o menos. El comienzo, el medio y el final de tu historia tiene que encajar en esas limitaciones temporales, y la estructura narrativa estará en función de ello. No puedes alargarte mucho presentando las cosas si solo tienes una hora para contar una historia completa.  Y no puedes  apretujar un final satisfactorio en los últimos cinco minutos de un thriller de acción de dos horas. Tienes que encajar bien los tiempos”.