27.7.10

Los millones

Hace unos días, y en unas circunstancias bastante peculiares que a lo mejor algún día explico por aquí, terminé de leerme la novela "Los millones", de Santiago Lorenzo, el primer título de la colección Libros Mondo Brutto. Y puede que sea el libro con el que más he disfrutado de todos los que he leído este año. Como no tengo demasiado tiempo, en vez de escribir un comentario sobre él os voy a remitir a esta crítica. Me parece que explica bastante bien porqué puede merecer la pena que os gastéis 16 euros en comprar un libro con esa apariencia tan cutrilla. En un mundo más cuerdo que este, Lorenzo (que también es director de cine) habría convertido su novela en un peliculón y sería más famoso que Amenábar. Pero según está el patio me parece difícil que una de nuestras televisiones decida invertir en contar la historia de amor de un terrorista del GRAPO ambientada en 1986. Y digo lo de la película porque aunque "Los millones" no es ni de lejos un guión inflado al estilo de tantos best sellers (el lenguaje importa, y mucho), sí que tiene una estructura que podría convertirse con relativa facilidad a un largometraje. ¡Y que personajes! Pero lo dejo aquí, que si no al final me voy a tirar delante del ordenador mucho más tiempo del que debo. Ah, no tengo ni idea de si puede encontrarse fácilmente en cualquier gran librería. Yo lo compré en Madrid Comics.

Actualización: una entrevista con Santiago Lorenzo (gracias, Kano). Y claro que la historia tiene una estructura cinematográfica... porque antes de ser novela fue un guión de cine:
"No sé si fue el caso de Los comedores de tiza, pero tengo entendido que Los millones sí nace de un guión para cine.
Sí, pero a ver a dónde iba yo en 2000 o en 2002 con un guión en el que aparece un término tan espinoso –entonces– como GRAPO. Luego, del GRAPO es de lo que menos se habla, pero ahí estaban las siglas, como grapando los cojones. Al final, utilizar el guión como base para rodar una novela ha sido como haberla dirigido. Con la ventaja de que hay muchas más posibilidades escribiendo a mano que con una cámara. Y sin limitaciones ni de presupuesto ni de mandangas".